...yo no vengo a vender, vengo a regalar!!!

“Buenos días damas y caballeros!, Tengo el agrado de presentarles este nuevo bolígrafo de tinta negra, ideal para el hombre de trabajo, el estudiante o cualquiera que desee escribir. Eeeelegante, práctico y cómodo. Este lápiz, lo encontrará en el mercado a un valor que supera los 860 pesos, pero yo lo he traído hasta la comodidad de su asiento, por la módica suma de 500 pesos. Sí, yo no miento caballero… Si usted desease adquirirlo le haremos entrega de un lápiz tinta gel color verde importado, y no sólo eso, también un destacador útil para todo tipo de tareas y, por-si-esto-fuera-poco, agregamos a esta pack, sólo por hoy, ojo… señora, señor, digo que sólo por hoy: un plumón color negro apto para toda clase de superficie: madera, cartón, etc. Tan sólo por el valor de 500 pesos; y dado que hoy es el día promocional, al damo o dama que quiera llevar estos coloridos productos, añadiré una práctica linterna de bolsillo que incluye un espejo ideal para la mujer, y dos pilas de repuesto. ¿Alguien desea llevar esta simpática promoción?... (Silencio… perdón; ruido de motor) Son sólo quinientos pesos… ¡aproveche esta oportunidad! ¿La dama, el señor? ¿Alguien dijo yo, por acá?...”
No sé si soy yo quien los atrae, pero esta semana he padecido la avalancha de estos personajes.
10:30 am. Micro casi llena. Mi ubicación: segundo asiento detrás del conductor. A mi lado una mujer un tanto espaciosa, y sobre mis piernas el texto para la prueba. Es el escenario propicio para que una de esas voces de locutor radial se suba a este tan conocido medio de transporte. “¡Damas y caballeros!”… Mi tímpano ha quedado perplejo, me es imposible ignorar. Aquella figura que mueve sus labios y sus brazos a un ritmo fascinante, hace equilibrio junto a su oscuro bolso deportivo frente al Tagadá que nos desplaza.
Su personalidad provoca un sinfín de miradas: están las de impaciencia (quienes van atrasados a la pega), las de expectación (esperando que el pobre tipo pierda el equilibrio), agobio (indican que el chofer solidariza con el gremio: “otro más…?”), lástima (se consuelan de no tener la necesidad de andar vociferando desde tan temprano), interés (“Mmm, ando con plata, y no sé en qué gastar”), incredulidad (“que te apuesto que a la primera raya, el lápiz se muere…prefiero el bic”), desaires (“… y este piensa que yo cago plata”), indiferencia (“bésame la boca…” por la que es bueno este tema).
Sin embargo yo, que estoy al costado de su brazo izquierdo me escudo de sus secreciones salivales que granizan sobre mis hojas. Desgraciadamente, no pude ver qué tan atractiva era la oferta, mi preocupación era otra…
“Dos pilas de repuesto…” Ha comenzado la cacería más diplomática y alagadora que haya existido… “¿La dama, el caballero?”… se abre paso por entre los estudiantes que cuelgan como monos. Avanza sigilosamente… por cada paso que da, algo de esperanza se le va. Al retornar a su origen, mi exuberante vecina parece salvar la cuota del día… “Me deja verlos?”… (Aprovecho de mirar de reojo)… Percibo como las manos de aquel aeróbico héroe, se deshacen de ilusión… ¡Bingo! La señora se los queda, abre su cartera, me pega un codazo, saca su chorito, cuenta un par de pesos y veo a Ignacio Carrera Pinto correr por encima de mis ojos… Le va a comprar dos!... Oooooso!, Mentira, sólo uno… pero bueno, algo es algo… no?
Busca en sus bolsillos, por ahí rodó una de quinientos… Toma su bolso, se despide agradecido del que lleva el volante y finalmente desciende con una victoriosa sonrisa.
Cada vez son más comunes, parece que esto del comercio sobre ruedas sí está colaborando con la tasa de cesantía.
Calcetines, manuales para aprender inglés, lápices, billeteras, libros de cocina, inciensos, agendas… tantos productos que avanzan un par de cuadras acompañándonos día a día. Por supuesto, que siempre de excelente calidad.
Meritorios son estos personajes, sus detallados estudios de mercado, su retórica, su equilibrio, su garganta, su aguante, sus esperanzas… todos caben en la misma mochila que cargan cada mañana.
